Formas del español coloquial en México y la dignidad de la memoria lingüística
18/02/2026
Autor: Antrop. Pía Paola Vera
Cargo: Profesora Gastronomía

En regiones del territorio que hoy conocemos como México y otros países hispanohablantes sobreviven formas del español, tales como “haiga”, “vistes”, “naiden”, “truje”, “vide”, “a hoy”, “vaigamos” y “mesmo” -por mencionar solo algunas-, palabras que muchas personas consideran errores gramaticales. No obstante, estas expresiones coloquiales no son simples desviaciones a la norma, sino el eco de estructuras lingüísticas antiguas o dialectales. El uso de estas formas del español (o del castellano, como prefieras denominarlo, porque su criterio es de todo, menos lingüístico, pero ese es tema de otro escrito) está profundamente enraizado en la oralidad, en la vida rural y en las formas de hablar de comunidades donde alguna vez se habló un español que hoy reconocemos como antiguo.

Desde la perspectiva de la lingüística histórica, la sociolingüística y la antropología del lenguaje, estas palabras tienen un gran valor cultural, y aunque muchas personas no las consideran correctas en la norma estándar del español actual, su existencia es una prueba indiscutible de la diversidad y de las culturas vivas, así como de la riqueza lingüística del mundo hispano. No olvidemos que las palabras cambian y adquieren nuevos significados constantemente, ha sucedido así desde que el primer ser humano comenzó a hablar; el significado de una palabra no es su etimología, ya que esta es solo la historia del significado de esa palabra.

De igual manera, no debemos olvidar que muchas de estas expresiones tienen una raíz legítima en el español clásico o medieval. “Haiga”, por ejemplo, fue una forma correcta del verbo “haber” en subjuntivo durante los siglos XV y XVI. Por su parte, “vide” proviene del verbo “ver” en pretérito, “yo vide”, y “truje” del verbo “traer” en su forma antigua. “Mesmo” sería una variante arcaica de mismo, que aún se conserva en algunos idiomas de la Península Ibérica.

Estas formas se han mantenido vivas en el español americano gracias al fenómeno conocido como arcaísmo dialectal (Moreno de Alba, 2007), el cual se refiere al hecho de que personas que habitan comunidades, normalmente rurales y alejadas de los centros urbanos, con poca escolarización o incluso analfabetas, han  conservado estructuras lingüísticas del español más antiguas que se  han perdido en las actualizaciones llevadas a cabo por las diferentes Academias de la Lengua, tanto por la Real Academia de la Lengua Española, así como por la Academia Mexicana de la Lengua, para el caso de México.

Otros casos como “vistes”, “dijites” o “recivites”, son ejemplos de regularización morfológica, es decir, una tendencia del habla popular a aplicar reglas generales a verbos irregulares. “Naiden”, en cambio, es una forma popular de “nadie”, influida por la analogía con “alguien” y común en varios países de Hispanoamérica, se deriva del latín nati, plural de “nacido”, el cual fue común en el español antiguo usado en la forma rural de “nadie”.

Estas formas, lejos de ser errores gramaticales o del hablar cotidiano, son representaciones de una variedad lingüística legítima: el español vernáculo, popular o coloquial y representa una parte importante de la riqueza cultural del idioma. Debemos conocer, así como reconocer que, en México, muchas personas de comunidades rurales o indígenas, hablan el español como segunda lengua, pues mantienen como lengua nativa sus idiomas originarios, los cuales se han transmitido de generación en generación, a través de la tradición oral. Esto ha dado lugar a un español con estructuras propias, profundamente arraigadas en las culturas locales. En este sentido, no debemos olvidar, que la oralidad, al ser parte de la cultura dinámica del ser humano, es portadora de afectividad y de memoria (Zumthor 1990). Las palabras que se pronuncian en la vida cotidiana, especialmente en el ámbito familiar rural, reflejan una cosmovisión propia, diferente a la urbana. Expresiones como: “Ansina ti quero” o “yo lo vide primero”, tienen un valor cultural que no debe ser subestimado, ni mucho menos criticado o ser motivo de discriminación y burla entre las poblaciones que hemos tenido la fortuna de contar con una educación o escolarización estandarizada al ser parte de los centros urbanos y que, por lo mismo, nos ha permitido tener acceso a las diferentes actualizaciones y adecuaciones de nuestro idioma.

Asimismo, debemos reconocer que México es un país pluricultural y multiétnico, su población actual es el resultado de una serie de fusiones con orígenes ancestrales. En este contexto, desde la antropología del lenguaje, el uso de estas formas refleja una relación estrecha entre lengua, territorio y memoria. Son palabras que evocan escenas rurales, paisajes sonoros y vínculos afectivos, por lo que el valor simbólico es tan relevante como su estructura lingüística. De igual manera, desde la sociolingüística moderna, se reconoce que la lengua no es homogénea ni neutral. Ya se ha demostrado (Labov 1972) que las formas no estándar obedecen a reglas internas sistemáticas y no deben verse como fallos. Por ello, la idea arcaica de que hay sólo una “manera correcta” de hablar es más una construcción social que una realidad lingüística.

En este sentido, lo que se considera correcto o incorrecto en la manera de hablar de una persona responde más bien a relaciones de poder, bien lo explicaba Bourdieu (1991): el prestigio de una variedad lingüística se basa en el poder simbólico de sus hablantes, no en su superioridad estructural. Así, la estigmatización del habla popular refleja desigualdades sociales más profundas. Lamentablemente, muchas de estas formas son objeto de burla, discriminación o exclusión, incluso por parte de personas 'aparentemente' educadas. Esta actitud, conocida como glotofobia, afecta especialmente a hablantes rurales, indígenas o de sectores populares, por lo que resulta importante que, quienes tenemos formación académica, reconozcamos esta diversidad y contribuyamos a crear entornos educativos donde se valore la pluralidad lingüística. La corrección no debe convertirse en represión, y la educación no puede desligarse del respeto a la historia oral y cultural de los pueblos.

Por todo ello, como ya se ha mencionado, formas como “haiga”, “vistes”, “naiden”, “truje”, “vide”, “a hoy”, “vaigamos” y “mesmo”, no son errores gramaticales o del habla: son huellas vivas de un español antiguo, de una oralidad rural y campesina, así como de una historia colectiva. Al estudiarlas y valorarlas, no solo enriquecemos nuestra visión del idioma, sino que reconocemos la dignidad de quienes las usan en la actualidad como parte de una cultura viva.

Es responsabilidad de nosotros, los formadores y educadores, así como de lingüistas, antropólogos, sociólogos y humanistas en general, abrir espacios para que estas voces no desaparezcan, no sean discriminadas ni humilladas, pero, sobre todo, no sean silenciadas.

Referencias

  • Bourdieu, Pierre. (1991). Language and Symbolic Power. Harvard University Press.
  • Labov, William. (1972). Sociolinguistic Patterns. University of Pennsylvania Press.
  • Moreno de Alba, José G. (2007). La lengua española en México. Fondo de Cultura Económica.
  • Zumthor, Paul. (1990). La lettre et la voix. De la “littérature” médiévale. Seuil.