Hay celebraciones que han sido heredadas de hace ya muchas décadas atrás y que en muchas ocasiones, no sabemos con exactitud la razón de su origen, como el Día del Trabajo, el cual esperamos con gusto porque sabemos que es un día de descanso y no más.
Quizá en el ámbito escolar, el 1 de mayo es un día libre en el calendario, no obstante, para el sector laboral representa una oportunidad para ser escuchados pues aprovechan el día para manifestar sus demandas por conseguir mejores condiciones laborales, sobretodo aquellos que forman parte de un sindicato.
Bueno, eso era en años pasados, pues hoy se ha convertido en una vana costumbre donde desfilan de manera pacífica las distintas organizaciones gremiales, llevan mantas o cartulinas donde escriben sus consignas y el acto protocolario termina, sin pena ni gloria, fuera de las oficinas en que despachan los gobernantes.
Ya lo dijo Andrés Manuel López Obrador en su rueda de prensa mañanera, “el Día del Trabajo es un día para la manifestación libre de demandas, un día donde expresen sus inconformidades en contra del gobierno”.
Bueno, así ha sido desde hace ya mucho tiempo, el pueblo se ha manifestado año con año, pero eso no se ha traducido ni en mejores condiciones laborales, ni en mejores sueldos, ni muchos menos en el respeto de sus derechos.
Lejos de ello, con los años hemos más bien perdido muchas garantías, hoy si bien nos va podemos encontrar un buen trabajo con un salario decente donde gozaremos de las prestaciones oficiales: aguinaldo, utilidades, vacaciones, etcétera. Pero ¿a cambio qué?, de ser esclavos porque las jornadas de trabajo pueden extenderse a más de 8 horas, sin que éstas sean pagadas como tiempo extra; de que hayamos aceptado que para cuando lleguemos a la vejez seguiremos trabajando, porque al menos las nuevas generaciones no gozaremos de jubilación mas que lo que hayamos ahorrado para nuestro retiro a través de las llamadas “afores” y cuyo monto depende del salario.
Sumemos a esto que los salarios cada vez alcanzan menos y que a través de estrategias, por no decir mañas, las empresas hacen contrataciones outsourcing para evitar el pago por antigüedad y demás beneficios laborales.
En fin, que bueno que hayamos pasado de la represión a la civilidad en materia de manifestaciones, sin embargo, la garantía a nuestros derechos laborales está lejos de ser una celebración. Queda mucho por hacer en materia de justicia laboral, no podemos, como bien dice el Presidente, “aplaudir” el hecho de que exista libertad de manifestación, ese es otro derecho que tenemos y que nada tiene que ver con la buena actitud de López Obrador.
Ojalá la buena actitud del señor Presidente vaya más allá que el simple hecho de permitir la libre manifestación, ojalá que su mano justa se logre vislumbrar en verdaderos beneficios para los trabajadores, no solo para aquellos que le aplauden sus propuestas a través de sus grupos sindicales, sino que realmente haga valer las normativas para que los mexicanos gocen de salarios, prestaciones y condiciones laborales justas.