De residuos a recursos, la química verde como motor de la economía circular en la industria química mexicana
05/02/2026
Autor: Dr. Mario Alberto López Mendoza
Cargo: Escuela de Ingeniería Química Industrial

Durante décadas, el desarrollo industrial se ha basado en un modelo de economía lineal: extraer materias primas, transformarlas en productos, utilizarlos y, finalmente, desecharlos. Este esquema, que fue funcional en un contexto de abundancia de recursos y de baja conciencia ambiental, hoy muestra claros signos de agotamiento. La acumulación de residuos, la contaminación de suelos y cuerpos de agua, así como las emisiones de gases de efecto invernadero, evidencian la urgencia de transitar hacia un nuevo paradigma. En este contexto, la economía circular y la química verde emergen como ejes estratégicos para construir una industria más sostenible, competitiva y socialmente responsable en México y, en particular, en regiones con fuerte actividad productiva como Puebla.

La economía circular propone cerrar los ciclos de materiales y energía, de modo que los residuos de un proceso se conviertan en insumos de otro. No se trata únicamente de reciclar, sino de rediseñar productos, procesos y cadenas de valor para minimizar la generación de desechos desde su origen. Aquí es donde la ingeniería química juega un papel central: es la disciplina que permite transformar materias primas, separar, purificar, reaccionar y valorizar corrientes complejas, con una visión integral de la eficiencia técnica, económica y ambiental.

Uno de los pilares de esta transformación es la química verde, un conjunto de principios que orientan el diseño de procesos y productos químicos más seguros y menos contaminantes. Estos principios promueven, entre otros aspectos, el uso de materias primas renovables, la reducción del uso de sustancias tóxicas, la maximización de la eficiencia de las reacciones, el empleo de catalizadores en lugar de reactivos estequiométricos, y el ahorro de energía mediante operaciones a condiciones suaves de temperatura y presión. En términos simples, la química verde busca “producir más con menos impacto”, sin comprometer la calidad ni la viabilidad económica.

En el ámbito de los materiales, la ingeniería química está impulsando tecnologías de reciclaje avanzadas que van más allá del reciclaje mecánico tradicional. El reciclaje químico permite descomponer polímeros en sus monómeros o en fracciones útiles, lo que posibilita la recuperación de plásticos difíciles de reciclar. Paralelamente, se desarrollan bioplásticos y materiales biodegradables a partir de recursos renovables, como almidón, celulosa, aceites vegetales o incluso residuos agrícolas. Estas alternativas no solo reducen la dependencia de fuentes fósiles, sino que también facilitan la reintegración de los materiales al ciclo natural al final de su vida útil. Puebla, con su importante actividad agroindustrial, ofrece un terreno especialmente fértil para la valorización de residuos; diversos subproductos de las industrias agroalimentarias pueden convertirse en fuentes de energía y en compuestos de alto valor agregado, como biogás, bioetanol, biofertilizantes, enzimas o ingredientes funcionales para alimentos y nutracéuticos.

Desde una perspectiva social, la transición hacia la economía circular abre la puerta a la creación de nuevos perfiles profesionales y de empresas de base tecnológica enfocadas en el reciclaje avanzado, los biomateriales, el tratamiento de residuos y la valorización de subproductos, que encuentran un campo de acción creciente. Para las universidades y centros de investigación, esto implica formar ingenieras e ingenieros químicos con competencias en sostenibilidad, análisis de ciclo de vida, diseño de procesos verdes y gestión de la innovación, capaces de liderar proyectos que integren ciencia, tecnología y responsabilidad socioambiental.

El mensaje para la sociedad es claro: la economía circular no es solo una moda ni una imposición regulatoria, sino una estrategia inteligente para el desarrollo sostenible. Convertir residuos en recursos significa reducir la presión sobre los ecosistemas, disminuir la dependencia de materias primas importadas, generar empleo de alto valor y fortalecer la competitividad industrial. La química verde y la ingeniería química, lejos de ser disciplinas abstractas, están en el corazón de esta transformación, aportando soluciones concretas para que el crecimiento económico vaya de la mano del cuidado del medio ambiente y del bienestar de las futuras generaciones.