El Super Bowl es uno de los escenarios estadounidenses culturales más importantes e influyentes de la actualidad considerando que millones de espectadores alrededor del mundo se sintonizan para disfrutar del espectáculo musical del medio tiempo, y es precisamente por la gran visibilidad del evento que desde los años noventa, ha dejado de ser sólo entretenimiento y pasó a ser utilizado como un espacio en el que la expresión artística se mezcla con la política.
El caso de la presentación de Bad Bunny, realizada el pasado 8 de febrero, no fue la excepción. A lo largo de los 13 minutos de duración, el cantante puertorriqueño se encargó de transmitir un mensaje claro e imposible de ignorar. Utilizando símbolos, referencias a la identidad latina, el lenguaje español en un espacio normalmente dominado por el inglés, escenarios y frases significativas, se presentó a la historia y cultura latinoamericana, celebrando su riqueza y diversidad, promoviendo la unidad a la vez que protesta contra problemáticas como la exclusión, explotación y la representación negativa de estas comunidades.
Ahora bien, el mensaje transmitido sólo puede entenderse dentro del sensible contexto político y social actual de Estados Unidos, el cual se caracteriza por el auge de discursos nacionalistas, la marginación histórica de los inmigrantes latinos, el endurecimiento de las políticas antimigratorias y los altos niveles de polarización alrededor de estos temas. Considerando lo anterior, no es sorprendente que la visibilización de las identidades latinas se convirtiera en tema de debate, causando controversia y reacciones diversas.
Por un lado, la presentación fue recibida de forma positiva mayormente por la comunidad latinoamericana y por las personas que la percibieron como reconocimiento y visibilización. Es importante mencionar que múltiples celebridades se posicionaron dentro de este grupo, utilizando las redes sociales como medio para expresar apoyo y potenciar el alcance del mensaje transmitido. Aún así, se plantearon algunas críticas puesto que existía la expectativa de que Bad Bunny tomará una postura más radical, sostuviera un discurso político explícito contra las políticas antimigratorias y los discursos que excluyen a los inmigrantes en Estados Unidos.
Por otra parte, también se generaron reacciones negativas, especialmente provenientes de los sectores más conservadores que se originaron mucho antes del show. Desde el momento en el que la NFL anunció que el headliner del Super Bowl 2026 sería Bad Bunny, los grupos políticos pertenecientes a la derecha estadounidense expresaron su desacuerdo, puesto que el cantante expresó su postura crítica frente a los temas de inmigración y su oposición contra Donald Trump, quien, a su vez, se encargó de hacer público su inconformidad, expresando su disgusto por cada aspecto del acto.
Esta polarización incluso fue la causa de la creación de un evento alternativo, llamado “All American Halftime Show” que fue impulsado por organizaciones de derecha como el grupo Turning Point USA. Esta expresión artística también estuvo claramente cargada de un mensaje político, con una perspectiva opuesta, la cual promovió narrativas sobre lo que se puede considerar “estadounidense” y lo que no.
Se podría agregar que algunos debates se olvidaron de las cuestiones políticas y sociales, para desviarse hacia la figura de Bad Bunny como artista, cuestionando su estilo de canto, en la elección de las canciones para la ocasión, los artistas invitados y aspectos triviales del espectáculo. Esto resalta las limitaciones presentes cuando se eligen plataformas de entretenimiento masivo para difundir contenido político.
Es a raíz de este caso específico que se abre la puerta a un nuevo debate. Dejando de lado la controversia y las reacciones al show de medio tiempo, resulta necesario reflexionar sobre el impacto que tienen las expresiones artísticas en temáticas políticas y sociales. Si bien, se puede afirmar que se logró el cometido de dar visibilidad a las identidades latinas, se pueden plantear cuestiones respecto a las limitaciones de los mensajes cuando son transmitidos a través de espectáculos masivos.
La mayor limitación reside en la simplificación de las problemáticas complejas y la reducción de los mensajes políticos a símbolos para poder presentarse de forma breve y adaptarse para el consumo masivo, lo que dificulta la comprensión de las ideas principales a transmitir así como de las verdaderas causas estructurales de los problemas que se trata de visibilizar.
Adicionalmente, es importante cuestionar el rol que toman las celebridades en las discusiones políticas. A pesar de que no son considerados actores políticos, cuentan con un poder de influencia considerable, que proviene de su presencia mediática y la capacidad de conectar con sus audiencias. A través de su presencia en eventos tan visibles como lo es el medio tiempo del Super Bowl, las celebridades pueden ayudar a potenciar ciertas ideas, contribuir a la concientización y legitimar múltiples causas.
Al mismo tiempo, se tiene que advertir que cuando las celebridades se involucran en los debates, existe el riesgo de que la atención se desvíe hacia la figura pública dejando de lado el enfoque en la problemática que se está abordando y las personas que se ven afectadas por ella justo como ocurrió en algunas discusiones mencionadas anteriormente.
Finalmente, se puede concluir que el show de medio tiempo del Super Bowl de este año ejemplifica la forma en la que las expresiones artísticas, no son neutrales, especialmente aquellas que se llevan a cabo frente a audiencias masivas, funcionan como una herramienta capaz de promover narrativas políticas al mismo tiempo que dejan ver la influencia que poseen las celebridades cuando toman una posición frente a temas políticos públicamente.










