Por el Día Internacional de la Lengua Materna, UPAEP analiza cómo la desigualdad social y la falta de políticas efectivas ponen en riesgo la supervivencia de estas lenguas, y explica por qué defenderlas es también defender la dignidad de quienes las hablan.
Académicos UPAEP subrayaron la importancia de reconocer, fortalecer y preservar las lenguas indígenas de México, no solo como un patrimonio cultural, sino como un derecho humano fundamental y una responsabilidad ética y social del país. Esto en el marco del Día Internacional de la Lengua Materna, que se conmemora cada 21 de febrero.
Rafael Márquez Flores, director de la Licenciatura en Idiomas, Enseñanza y Diversidad Cultural de UPAEP y Víctor Manuel López Castañeda, profesor de la misma licenciatura, reflexionaron sobre los retos que enfrenta México para conservar su diversidad lingüística en un contexto de desigualdad social, discriminación y políticas públicas insuficientes.
Márquez Flores explicó que la lengua materna no es únicamente un medio de comunicación, sino un vehículo de memoria histórica, identidad, dignidad social y cosmovisión. “A través de la lengua materna expresamos todo lo que vivimos en nuestro día a día; en ella se resguardan saberes, tradiciones y formas de entender el mundo”, señaló.
Recordó que el Día Internacional de la Lengua Materna fue instaurado en 1999 por la UNESCO, a partir de una propuesta del gobierno de Bangladesh, como homenaje a los estudiantes que en 1952 perdieron la vida defendiendo el derecho a expresarse en su lengua materna. “Esta fecha nace de un conflicto intercultural y universitario, lo que nos recuerda que el reconocimiento lingüístico también es un acto político”, enfatizó.
Por su parte, Víctor Manuel López Castañeda destacó que México es uno de los países con mayor diversidad lingüística del mundo: cuenta con 69 lenguas nacionales, de las cuales 68 son indígenas, y 364 variantes lingüísticas. Sin embargo, advirtió que esta riqueza convive con profundas desigualdades.
“Más de 7.3 millones de personas hablan una lengua indígena y muchas de ellas no tienen acceso a servicios básicos como salud, educación o justicia en su propio idioma”, señaló. Como ejemplo, recordó casos recientes en los que la falta de traductores en hospitales ha derivado en consecuencias fatales, evidenciando la urgencia de una política lingüística efectiva.
Asimismo, subrayó que en México persiste la falsa idea de que las lenguas indígenas son “dialectos” de menor valor. “Lingüísticamente no existe una diferencia real entre lengua y dialecto; esa distinción responde únicamente a un estatus político y social”, explicó.
Ambos académicos coincidieron en que uno de los grandes retos es visibilizar las lenguas indígenas en las ciudades, donde frecuentemente se privilegian lenguas extranjeras como el inglés, el francés o el alemán, mientras se ignoran las lenguas originarias locales.
“Las políticas interculturales suelen concentrarse en comunidades donde ya se hablan estas lenguas, pero se ha descuidado el ámbito urbano, donde muchas personas indígenas ocultan su lengua por miedo a la discriminación”, afirmó López Castañeda.
También señalaron que, aunque existen instituciones como el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI) y organismos estatales, los esfuerzos han sido insuficientes debido a recortes presupuestales, falta de materiales educativos en variantes locales y ausencia de voluntad política sostenida.
En relación con la inteligencia artificial, los especialistas reconocieron su potencial para la difusión lingüística, pero advirtieron que aún presenta limitaciones importantes. “La mayoría de las herramientas trabajan con lenguas estandarizadas y no contemplan las variantes comunitarias, que son clave para la identidad de los hablantes”, explicó Márquez Flores.
No obstante, destacaron iniciativas emergentes, como el desarrollo de teclados y recursos digitales adaptados a lenguas originarias, que podrían convertirse en aliados estratégicos si se trabajan de manera colaborativa con las comunidades.
Como mensaje final, los académicos enfatizaron que preservar las lenguas indígenas no es un acto de nostalgia ni folclorización, sino una forma de justicia social. “Cada lengua que desaparece implica la pérdida de una manera única de ver el mundo”, concluyó Márquez Flores.
Finalmente, ambos coincidieron en que fortalecer las lenguas maternas implica hablarlas, escribirlas, leerlas y darles presencia en la vida pública, la educación, la salud y la tecnología. “México no tiene una lengua oficial porque todas deben tener el mismo valor; reconocerlo es el primer paso para construir una sociedad más justa, diversa e incluyente”, concluyó Víctor Manuel López.
















