UPAEP y la Red Mexicana de Parkinson formalizaron su alianza en Puebla con jornadas científicas y una reveladora conferencia sobre nutrición y calidad de vida.
El Centro de Salud Integral UPAEP abrió sus puertas el 29 de mayo para recibir a la Red Mexicana de Parkinson en un acto de vinculación formal. La Dra. Rosaura Rosas González, Jefa del Centro, dio la bienvenida a investigadores, pacientes y cuidadores con un propósito claro: fortalecer el diagnóstico temprano y mejorar la calidad de vida de quienes viven con esta enfermedad.
La Mtra. Diana Morales Koelliker, Secretaria Académica del Decanato de Ciencias de la Salud, destacó la integración de UPAEP a una red nacional e internacional de atención al Parkinson. El Dr. Alexis Steven García, Coordinador del proyecto MexPD, subrayó la urgencia de investigar desde la población mexicana. Las Dras. Paula Reyes Pérez, Alejandra Lázaro Figueroa y Araliz López Pintor completaron el equipo investigador. La jornada incluyó evaluaciones clínicas, manuales para cuidadores y conferencias híbridas sobre nutrición y fisioterapia.
El intestino, el gran olvidado
La nutrióloga Jessica Nava abrió su conferencia “El papel de la alimentación como aliada en el Párkinson” con una premisa contundente: el Parkinson no es solo una enfermedad del movimiento. Antes del temblor, el intestino ya lanza señales —estreñimiento, inflamación, alteraciones en la microbiota— que rara vez se vinculan con el diagnóstico neurológico. El estrés oxidativo y la pérdida progresiva de dopamina desencadenan una cadena de inflamación sistémica que agrava el deterioro cognitivo, emocional y motor.
Comer mexicano, comer bien
Nava presentó la dieta de la milpa como el equivalente mexicano de la dieta mediterránea: maíz, frijol, chile, calabaza, nopal y frutas de temporada conforman una despensa rica en antioxidantes y fibra, accesible y arraigada en nuestra cultura. Tortilla azul, amaranto, huevo con yema, leguminosas, yogur con probióticos y especias como cúrcuma y jengibre bastan para marcar la diferencia. El mensaje fue claro: ningún alimento cura solo, y la suplementación siempre requiere supervisión médica.
Comer con colores, variedad y raíces mexicanas no es folclor: es ciencia. Los pigmentos de la tortilla azul, los polifenoles del cacao de Chiapas o la fibra del amaranto actúan directamente sobre el estrés oxidativo, la microbiota intestinal y la producción de antioxidantes naturales que el propio organismo necesita para frenar el deterioro neurológico. Volver a la milpa, en ese sentido, no es nostalgia; es el mejor seguro que el cerebro puede tener.
Lo que quedó demostrado en esta jornada es que el Parkinson necesita un frente amplio: neurología, fisioterapia, psicología y nutrición trabajando en equipo. La alianza entre UPAEP y la Red Mexicana de Parkinson no es solo un acuerdo institucional; es una apuesta por devolver calidad de vida a pacientes y familias desde la ciencia, la cultura y el plato de cada día.
















