La preparación emocional puede influir en el desempeño de las selecciones nacionales durante la máxima justa futbolística.
La preparación de una selección nacional para una Copa del Mundo va mucho más allá del trabajo físico y táctico. La fortaleza mental, la cohesión grupal y la capacidad para gestionar la presión son elementos que pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en el máximo escenario del futbol internacional.
Luisa Pérez Mandujano, Jefa de Enseñanza de la Facultad de Psicología, explicó que el trabajo psicológico forma parte integral de la preparación de cualquier deportista de alto rendimiento, ya que no solamente se enfoca en el desarrollo físico, sino también en la salud mental y en la capacidad de afrontar escenarios de alta exigencia.
“Los resultados que vemos en una competencia internacional son consecuencia de un trabajo que se ha construido durante mucho tiempo. La preparación psicológica permite que los deportistas lleguen con mejores herramientas para enfrentar los retos que encontrarán en una justa mundialista”, señaló.
Por su parte, Zeferino Peña Ocampo, estudiante de Psicología, destacó que las concentraciones prolongadas pueden generar importantes beneficios para los equipos, entre ellos el fortalecimiento de la identidad colectiva, el sentido de pertenencia, la confianza entre compañeros y una mayor resiliencia ante la presión competitiva.
Asimismo, explicó que convivir durante largos periodos en un mismo entorno favorece la regulación emocional, disminuye las distracciones externas y fortalece la percepción de apoyo social entre los integrantes del equipo.
Como ejemplo, recordó el caso de la selección de Alemania campeona del mundo en 2014, cuya federación construyó el complejo Campo Bahía en Brasil para brindar a sus jugadores un entorno diseñado específicamente para sus necesidades, situación que varios futbolistas señalaron como un factor importante para alcanzar el título.
Sin embargo, Camila Sánchez Huitzil advirtió que una concentración excesivamente larga también puede generar efectos adversos. Entre ellos mencionó el aislamiento social y familiar, la monotonía derivada de rutinas rígidas, la pérdida de autonomía y los posibles conflictos derivados de la convivencia constante.
“La concentración debe cumplir un propósito específico. Cuando se prolonga demasiado puede afectar el rendimiento técnico, generar frustración o disminuir la motivación de algunos jugadores”, explicó.
La estudiante agregó que la experiencia personal de cada atleta influye en la manera en que enfrenta estos procesos, ya que no es lo mismo para un jugador veterano acostumbrado a este tipo de escenarios que para un futbolista que vive su primera convocatoria internacional.
En cuanto al caso de la selección mexicana, los especialistas coincidieron en que jugar en casa representa tanto una ventaja como un desafío. Por un lado, los futbolistas cuentan con factores favorables como el clima, la alimentación, la cultura y la familiaridad con el entorno; sin embargo, también deben lidiar con la presión de las expectativas generadas por la afición y los medios de comunicación.
“La localía puede convertirse en un factor de protección, pero también implica una mayor exigencia emocional. Los jugadores escuchan, observan y perciben las expectativas que existen sobre ellos, por lo que el acompañamiento psicológico resulta fundamental”, señaló la Mtra. Luisa Pérez.
Respecto al papel del psicólogo deportivo durante las concentraciones, Sebastián Axel Pérez Vázquez indicó que su función consiste en acompañar a los atletas en el manejo de la presión competitiva, la regulación emocional, la cohesión grupal y la recuperación psicológica.
“El psicólogo deportivo puede convertirse en una figura de apoyo y acompañamiento para los jugadores. Hoy en día la preparación psicológica es uno de los pilares del alto rendimiento porque detrás del equipo existe todo un grupo de profesionales que contribuyen a su éxito”, afirmó.
Los especialistas también abordaron el impacto de las redes sociales en el rendimiento de los deportistas. Coincidieron en que estas plataformas representan una herramienta de doble filo, pues pueden acercar el apoyo de los aficionados, pero también exponer a los atletas a críticas constantes que afectan su bienestar emocional.
Finalmente, destacaron que el trabajo psicológico debe desarrollarse mucho antes de la competencia. Durante las concentraciones, explicaron, el objetivo principal es reforzar y consolidar habilidades previamente entrenadas, como la regulación emocional, la concentración y la capacidad para afrontar situaciones de presión.
















