Más fuerte que cualquier caída: la historia de Ashley Camacho en UPAEP
08/06/2026
Autor: Hugo Quintero
Foto: Misraim Álvarez

Lesiones, finales nacionales y aprendizajes de vida marcaron el camino de una jugadora que convirtió cada obstáculo en una oportunidad para crecer.

Cuando Ashley Camacho llegó a UPAEP en 2023, lo hizo con la ilusión de competir en uno de los programas más importantes del país. Tres años después, se marcha con una medalla invisible pero invaluable: la certeza de haber crecido como atleta, estudiante y persona. Su paso por las Águilas estuvo marcado por grandes momentos deportivos, pero también por una capacidad de superación que inspiró dentro y fuera de la duela.

"Era un orgullo enorme. Sabes que llevas puesto el peso de toda la trayectoria y la historia que tiene la universidad en el basquetbol. Es un honor total, pero al mismo tiempo una responsabilidad gigantesca", recuerda.

Su adaptación fue inmediata y su primer año quedó grabado para siempre en su memoria. La temporada 2023-2024 la llevó hasta la final de los Ocho Grandes en Xalapa, un escenario donde comprobó que podía competir al más alto nivel. Entre todos los recuerdos de aquel torneo, la semifinal ante CETYS ocupa un lugar especial.

"La remontada que vivimos fue una locura. Es uno de los momentos más increíbles que he experimentado. Lo más gratificante fue sentir que realmente contribuí al equipo y que estuve a la altura de una competencia tan importante".

Pero si los éxitos deportivos marcaron parte de su trayectoria, los desafíos terminaron definiendo su carácter. Su última temporada, la 2025-2026, representó una de las pruebas más complejas de su vida. Después de atravesar dos cirugías y trabajar arduamente para regresar a las canchas, sufrió un nuevo accidente apenas cuatro días después de su regreso a la competencia.

Lejos de derrumbarla, aquella experiencia le permitió descubrir una fortaleza que ni ella misma conocía.

"Me enseñó de qué estoy hecha. Aprendí lo que es la verdadera resiliencia, el amor por lo que haces, el coraje y las ganas de salir adelante a pesar de todo".

Dentro de la cancha, Ashley evolucionó constantemente. Reconoce que bajo la guía del coach Javier Ceniceros perfeccionó su lectura del juego y desarrolló una visión táctica que la convirtió en una jugadora más completa. Ese crecimiento se sumó a las bases construidas años atrás junto al coach Manuel Ordaz, una de las figuras más importantes en su formación deportiva.

Su camino como estudiante-atleta tampoco estuvo exento de retos. Compaginar entrenamientos, viajes y competencias con las exigencias académicas la obligó a desarrollar habilidades que hoy considera fundamentales para su futuro profesional.

"Las semanas de exámenes finales combinadas con partidos importantes eran durísimas. Ahí aprendí a organizarme, a trabajar bajo presión y a tomar decisiones rápidas aun cuando estaba cansada".

Precisamente esa formación integral es una de las enseñanzas más valiosas que UPAEP le deja. Para Ashley, el deporte universitario funciona como una preparación para la vida profesional, donde el trabajo en equipo, la disciplina y la capacidad de resolver problemas son tan importantes como cualquier conocimiento técnico.

Al mirar atrás, reconoce que hubo personas fundamentales en su camino. Su abuelo, Adalberto Marín, fue quien sembró en ella el amor por el basquetbol. Manuel Ordaz fortaleció su carácter competitivo y Javier Ceniceros contribuyó a desarrollar una mentalidad más estratégica y profesional.

Ahora, con la elegibilidad concluida, Ashley enfocará sus esfuerzos en terminar su maestría e incorporarse al ámbito laboral dentro de la psicología organizacional, un área que la apasiona profundamente. Sin embargo, sabe que el basquetbol seguirá formando parte de su vida y no descarta nuevas oportunidades en el futuro.

Más allá de los resultados y las estadísticas, la ex jugadora rojiblanca se lleva consigo tres valores que considera esenciales: liderazgo, disciplina y resiliencia.

"Aprendí que ser líder no significa mandar, sino servir. Significa poner el ejemplo y ayudar a que las demás personas saquen su mejor versión".

Cuando se le pide definir qué representa UPAEP en su vida, la respuesta surge sin titubeos.

"Es mi segunda casa. Aquí maduré, me convertí en adulta y encontré personas que hoy considero mi familia. Me dio las bases para salir a enfrentar el mundo real".

Y aunque la elegibilidad deportiva llega a su fin, hay algo que permanecerá intacto.

Ashley se despide llevándose los viajes, las risas, las victorias, las derrotas y los aprendizajes que compartió junto a sus compañeras. Pero, sobre todo, se marcha con la certeza de que el vínculo construido durante estos años será permanente.

Porque para ella, ser un Águila UPAEP no es una etapa que termina con el último partido disputado. Es una identidad que permanecerá para siempre, tatuada en el corazón de una jugadora que convirtió cada obstáculo en una oportunidad para levantarse más fuerte.