De la contradicción a la falta de consensos
La relación entre la ciencia y la sociedad ha sido, históricamente, un vínculo marcado por la distancia. A pesar de los múltiples esfuerzos por acercar el conocimiento científico al público, las diferencias entre los medios y formas en que se transmite ese conocimiento han generado más contradicciones que consensos. Hoy, la comunicación pública de la ciencia (CPCT), la divulgación científica y el periodismo científico comparten el objetivo general de acercar la ciencia a la sociedad, pero operan desde lógicas distintas, con intereses, metodologías y públicos propios. Este ensayo explora esas divergencias, a menudo irreconciliables, y reflexiona sobre la posibilidad (o imposibilidad) de tender puentes eficaces que resuelvan la paradoja del conocimiento-ignorancia que afecta la relación entre ciencia y ciudadanía.
Comunicación Pública de la Ciencia: el principio del sin consenso
La CPCT es un concepto amplio, que integra múltiples formas de acercamiento del conocimiento científico a la ciudadanía. Según Calvo Hernando (2003), incluye desde exposiciones en museos y actividades educativas, hasta estrategias mediáticas como documentales, redes sociales y eventos públicos. Su objetivo es provocar una apropiación cultural del conocimiento científico en cada contexto y país.
Sin embargo, su amplitud es también su debilidad. Al englobar actividades tan distintas —como el trabajo de un periodista en medios de comunicación y el de un divulgador en una institución científica—, la CPCT carece de una definición funcional clara. La falta de consensos sobre qué implica comunicar ciencia de forma efectiva impide evaluar su impacto real y dificulta el diseño de estrategias coherentes. En muchas ocasiones, la CPCT ha sido reducida a campañas de relaciones públicas o a formas de legitimación institucional, dejando de lado el componente crítico y participativo que debería fomentar.
Divulgación científica: traducir lo complejo
La divulgación científica se encamina a desarrollar una formación educativa y accesible que acerque el conocimiento especializado al público general. Su propósito va más allá de informar: busca entusiasmar, inspirar, democratizar, combatir a la pseudociencia y generar pensamiento crítico. A diferencia del periodismo, que responde a lógicas de actualidad y noticia, la divulgación trabaja con la profundidad y la pedagogía. Utiliza diversos recursos —charlas, videos, artículos de divulgación, museos interactivos— para transformar el conocimiento técnico en narrativas comprensibles y atractivas.
Sin embargo, la divulgación enfrenta también retos importantes. Uno de ellos es la deslegitimación que sufre desde la propia comunidad científica, que la considera a veces como una actividad secundaria o de menor valor académico. Por otro lado, aunque la divulgación debería ser una estrategia colectiva e institucionalizada, en muchos países —como sucede en México y gran parte de América Latina— no se ha consolidado como tradición ni como práctica profesional bien cimentada.
Además, en el ejercicio mismo, muchas veces la divulgación termina simplificando en exceso o incluso deformando el conocimiento, en el afán de hacerlo "atractivo", perdiendo así el rigor que lo hace valioso. En este punto aparece una interrogante más: ¿hasta qué punto es legítimo simplificar para llegar a más personas, sin comprometer la precisión del contenido científico?
Periodismo científico: entre la noticia y la comprensión científica
El periodismo científico, por su parte, responde a las lógicas del oficio periodístico: la actualidad, la relevancia social, la verificación de fuentes y el equilibrio informativo. Su función es traducir los descubrimientos científicos en información periodística útil y comprensible para el ciudadano común, pero sin perder el rigor, la veracidad, ni el sentido crítico.
Pero, como era de esperarse, también en este ámbito abundan las contradicciones. En muchas redacciones, el periodista científico es presionado por las dinámicas del día a día y de las audiencias: titulares llamativos, tiempos de entrega bajo presión, competencia con otros temas "más atractivos". Además, los estudios demuestran que no existe un consenso sobre lo que realmente distingue al periodismo científico de la divulgación, lo que complica la formación profesional y la valoración social de esta actividad.
A esto se suma el hecho de que muchos periodistas carecen de formación científica, lo que les impide evaluar críticamente los contenidos que publican o incluso interesarse por ellos. Como advirtió Calvo (1999), el periodismo científico debe considerar no sólo los hechos de la ciencia, sino también el proceso, los actores, los códigos y los debates internos. Si se omite esa complejidad, el mensaje se convierte en una pieza fragmentada e incompleta.
La paradoja conocimiento-ignorancia y el rol de los medios
La paradoja señalada por Ungar (2000) —a mayor exposición mediática de la ciencia, mayor conocimiento… pero también mayor ignorancia— revela una de las grandes tensiones del ecosistema actual de comunicación científica. La ciencia, al llegar a las audiencias a través de mensajes simplificados, pierde consistencia y corre el riesgo de convertirse en "hechos célebres", fácilmente digeribles pero también distorsionados.
La pandemia de COVID-19 mostró crudamente esta contrariedad. Nunca antes la ciencia fue tan mediática, pero también nunca fue tan malinterpretada. El ruido informativo, la confusión entre expertos y pseudocientíficos, y los datos inauditos dejaron al público en una posición compleja: informado, pero desorientado.
Ciencia lejana, ciencia necesaria
Lo más preocupante es que, en medio de estas tensiones, la ciencia sigue percibiéndose como ajena. Aunque los avances científicos impactan directamente en nuestras vidas —desde la medicina hasta la inteligencia artificial—, el acceso real a ese conocimiento sigue siendo limitado. El esfuerzo de traducción que exige el conocimiento científico es considerable, y ni los medios ni los propios científicos están preparados —ni muchas veces interesados— en asumirlo.
La ciencia sigue hablando en clave propia, mientras que el público construye su comprensión desde su propio entendimiento: la experiencia cotidiana, la emoción, la cultura y, por supuesto, los medios de comunicación. No significa que su generación de conocimiento sea de menor calidad, solo es diferente, como bien señala el enfoque sociocultural de la CPCT. Pero esta diferencia no ha sido integrada y, posiblemente, ni contemplada en los modelos de comunicación científica.
Hacia una ciencia con voz pública
Las divergencias entre comunicar, divulgar y hacer periodismo científico no son solamente semánticas o técnicas; son el reflejo de una profunda falta de consenso sobre cómo queremos que la ciencia se relacione con la sociedad. La solución no está en buscar una definición unificada o una jerarquía entre estas prácticas, sino en reconocer sus diferencias, establecer marcos éticos y metodológicos claros, y fomentar la colaboración entre científicos, comunicadores, periodistas y ciudadanos.
El objetivo final no debería ser simplemente "informar", sino construir una ciencia socialmente integrada, responsable, colaborativa y con voz pública. Una ciencia que no sólo se explique, sino que se discuta; que no sólo se traduzca, también que se interprete junto con los ciudadanos. Solo así podremos romper la paradoja del conocimiento-ignorancia y recortar la distancia que aún separa a la ciencia de la sociedad.










