Es muy claro que en las organizaciones existen objetivos que cumplir; son fundamentales para su éxito. Sin embargo, quienes realmente dan vida a las empresas e instituciones son las personas, más allá de la infraestructura o los recursos tecnológicos disponibles. Quienes se desarrollan dentro de una organización necesitan mantenerse motivados, contar con una energía interna que los impulse a avanzar hacia el logro de metas que, una vez alcanzadas, satisfacen necesidades laborales, fortalecen el orgullo de pertenencia y reafirman una cultura organizacional saludable.
La motivación es el motor que impulsa a los integrantes de un sistema a actuar de manera determinada. Puede originarse en procesos internos del individuo, pero su efecto positivo se refleja especialmente cuando va acompañado de reconocimiento por los méritos obtenidos.
Lamentablemente, no siempre sucede así. Con frecuencia, el egoísmo o la falta de ética provocan que ciertos individuos “se cuelguen medallas que no les corresponden”, apropiándose de logros construidos por otros. Esta práctica erosiona la confianza y el compromiso de los equipos, y evidencia que algunos no son conscientes o no quieren serlo de sus propias deficiencias.
Este tipo de conducta, además de formar parte de los hábitos negativos de ciertas personas, también puede surgir por malos liderazgos o por organizaciones que incentivan alcanzar metas a cualquier costo. Pero lo que se gana en resultados inmediatos, se pierde en ética, cohesión y clima laboral. La consecuencia es evidente: desmotivación, pérdida de confianza, frustración, ambientes tóxicos, baja productividad y, finalmente, fuga de talento.
Demos el mérito a quien realmente corresponde. Fomentemos el bienestar físico y mental, reconozcamos el talento y construyamos espacios donde las personas sepan que su esfuerzo es valorado. Solo así aumentarán la confianza, el rendimiento y el compromiso. Es momento de dejar atrás el miedo al talento y a la inteligencia de otros; lejos de ser una amenaza, pueden convertirse en nuestros mejores aliados. Porque cuando el mérito se respeta, el talento florece y dar el mérito a quien corresponde no cuesta nada, pero transforma todo.










