TUHISTORIA: Algunas tradiciones ancestrales vinculadas a difuntos a lo largo de la Historia
03/11/2023
Autor: Dr. David Sánchez Sánchez
Cargo: Director de la Facultad de Humanidades UPAEP

Hoy en TUHISTORIA UPAEP recorremos un tema que suele atraer o suele causar cierto temor: los muertos. ¿Acaso el vínculo y/o relación a nivel histórico con personas fallecidas ha sido un tema de temor, miedo y daño? Todo nació y se desarrolló en todo lo contrario: en el reencuentro, en el respeto, en el cariño, en el amor y en la trascendencia.

Como parte de la dimensión de una persona vinculada a su trascendencia y a su dimensión espiritual desde la Prehistoria se realizaron enterramientos y ajuares funerarios que acompañaron los procesos culturales de diferentes realidades incluso de otras especies diferenciadas de la nuestra como en los neandertales. Es así como tenemos testimonio del depósito de flores rituales en enterramientos como en la Cueva de Shanidar en el Kurdistán iraquí o en la Cueva de El Mirón (Ramales de la Victoria, Cantabria, España). ¿Qué llevó a nuestra especie y a otras a enterrar a sus familias con objetos de uso común, objetos de especial relevancia y diversos ajuares? Seguramente sea la búsqueda de explicación que han compartido la mayor parte de las religiones del mundo de que la vida en la tierra es un paso, un momento, que lleva a la trascendencia de una eternidad junto a la divinidad y/o fuerza creadora. Para dicho camino era necesario estar acompañado de algunos objetos, que si bien no cruzarían a dicha dimensión en su aspecto físico y/o corporalidad (como no lo haría el propio cuerpo del difunto sino su alma), podrían llegar a proyectarse en esencia durante el camino hacia dicha eternidad. Es decir, debíamos estar preparados incluso con materiales para un viaje desde lo terrenal a lo celestial, donde desconocíamos las pruebas, necesidades y peligros hasta llegar a la verdadera felicidad junto a nuestro creador.

¿Y desde dicha trascendencia podría existir algún tipo de comunicación con los que aún estarían en el proceso de su vida terrenal? Como sería demasiado largo, quizás motivo de un libro, el recorrer desde la fuerza anímica del ba egipcio al Ātman hindú, nos centraremos en el presente en el camino que ha llevado a nuestro hermoso y significativo Día de Muertos de la República Federal Mexicana actual con algunos antecedentes destacados.

La noche del 31 de octubre, en mi amada Asturias, se celebra el Amagüestu-Magosta-Castanyada-Gaztainerra… con raíces en dicho noroeste de la Península Ibérica junto a las castañas y la sidra dulce. Los rituales en estas fechas en la franja Celta (la real, la que estudia el Dr. Gonzalo Ruíz Zapatero) se vincularon a ciclos estacionales de recogida de las cosechas e inicio de etapas climáticas duras como el invierno. Algunos mencionan al Samhain como parte de dichas celebraciones donde, a su vez, la línea entre vivos y muertos sería tan fina como para permitir cierta comunicación. Eso no privó de que algunas culturas tomaran hábitos y disfraces para evitar que espíritus malignos, aprovechando la ocasión, tomaran el papel de dichos comunicadores en vez de familiares cercanos y queridos que habían fallecido. Dar miedo a quienes dan miedo, podría ser la solución. Los huesos de animales sacrificados se lanzaban a las hogueras y la búsqueda de respuestas se lanzaban a modo de plegarias entre noches estrelladas llenas de música, danza y oración.

Los romanos tenían su festividad vinculada a la diosa Pomona e incluso en las Parentalia, en el mes de febrero, se ponía el acento en visitar y/o celebrar junto a familiares fallecidos, entregando ramos de flores, con lámparas de aceite y donación de alimentos como el vino, leche, sal y pan; e incluso perfumes que orientaran al difunto a reencontrarse con su familia. ¿Nos suenan de algo este tipo de acciones para potenciar y favorecer un reencuentro?.

Los famosos Papas ¨Gregorios¨ (Gregorio III y Gregorio IV), en los siglos VIII y IX, fueron los responsables de la cristianización de una festividad con raíces de siglos anteriores y en diferentes culturas. La festividad cristiana del Día de Todos los Santos fue trasladada del 13 de mayo al 1 de noviembre. En esa fecha, las cosechas ya se habían recogido.

Un poco después, en la Abadía de Cluny (Francia) tenemos testimonio de altares y exvotos donde dicha orden benedictina exponía el ejemplo de los Santos y la Verdad de Cristo. Sus restos y reliquias, recibían oraciones, decoraciones… (ofrendas) para pedir el perdón de sus pecados y la dotación de indulgencias.

Como indicó la Dra. Elsa Malvido ¨la celebración de Todos Santos el 1 de noviembre llegó a Nueva España con la Conquista¨, pero la llegada de reliquias desde el puerto de la zona de San Juan de Ulúa (Veracruz) aún fue insuficiente en las primeras décadas. Lejos de estériles debates sobre si dichas celebraciones tienen o no rasgos o exclusividades prehispánicas o castellanas (donde es innegable que las culturas prehispánicas, como otras civilizaciones, tuvieron sus propias festividades para los fines descritos al inicio del presente texto); la inculturación y riqueza de las realidades mesoamericanas junto a las tradición occidental cristiana hicieron explosionar como jamás antes se vio a dichas celebraciones.

Los arcos de flores se elevaron al cielo, las plegarias se dotaron de la más excelsa armonía, el color se impuso sobre los grises, la sonrisa venció a la lágrima, el sabor caló más que nunca en las sensaciones, el olor penetró hasta el propio alma…

Ni el All Hallows´ Eve, Jack el Tacaño, ni mucho menos un Halloween vinculado a las películas de finales de los 70´s e inicios de los 80´s del s.XX que hablan desde John Carpenter del terror y muerte asesina en vísperas de Todos los Santos, deben eclipsar ni tapar con un dedo el Sol, a la maravilla que ha resultado a la fecha este patrimonio ¨intangible¨ de la humanidad que es la Festividad de Todos los Santos, el Día de Muertos.

La Dra. Elsa Malvido, que trabajó durante 44 años en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) como especialista en la temática expresó: ¨ Todos Santos y Fieles Difuntos han sido fiestas de guardar en el mundo católico, pero los intelectuales mexicanos las volvieron mexicas y prehispánicas, y los antropólogos se lo han creído. Sabemos que la cultura se reinventa cada día y hoy Halloween es parte de nuestras celebraciones, pues hemos pasado a ser el traspatio de Estados Unidos, aunque ya desde 1930 en el centro de México el altar de muertos y el adorno de los panteones desde 1860 son expresiones de nuestro pueblo. Los mexicanos del siglo XIX sufrieron dos separaciones, una de España y otra de la Iglesia; un siglo de guerras internas y de invasiones extranjeras; migraciones de países antes vetados; fueron favorecidos por el avance de la ciencia con la medicina preventiva y su lucha contra el contagio de las enfermedades que significó una nueva actitud sanitaria. Todo ello modificó una festividad de tres siglos de la cultura cristiana, convirtiendo la celebración de Todos Santos en un pretexto “democrático del Día de Muertos”, donde el acercamiento de los humanos a una muerte familiar y laica les permitió romper con ritos antiguos y crear otros nuevos después de la Revolución, ni mejores ni peores, simplemente humanos, ante la temida muerte¨.

Hoy, en nuestro presente, las celebraciones de Todos Santos y de Fieles Difuntos son festividades católicas pero abiertas y compartidas a toda la sociedad y a la libertad espiritual.

No existe en la actualidad mejor y mayor expresión del respeto por la trascendencia y la espiritualidad que la hermosa tradición que en nuestro México renace cada año sin miedo a desaparecer por otras modas u olvidos.

Sigamos la lucha, desde México al mundo, hoy más que nunca, por nuestra querida tradición de Día de Muertos y las celebraciones de Todos los Santos, pues seguirán vivas junto a nosotros y junto a los que vendrán sin tener miedo a su posible desaparición, miedo a morir.