Más apuntes sobre la política exterior intuitiva e improvisada de Trump
28/08/2025
Autor: Dr. Herminio S. de la Barquera y A.
Cargo: Profesor Investigador Escuela de Relaciones Internacionales

Recordarán mis cuatro fieles y amables lectores que hace exactamente una semana escribíamos en esta columna que perpetramos celosamente cada viernes que no esperábamos nada revolucionario del encuentro escenificado (en el sentido más teatral de la palabra) por Trump y su amadísimo Putin en Alaska. Esto lo anotábamos antes de dicha cumbre, y como desafortunadamente no nos equivocamos, creo que conviene ahora hacer unas reflexiones más acerca de los resultados del encuentro de marras y de la política exterior caótica e improvisada de Donald Trump.

  1. Ya hemos indicado en varias ocasiones que los líderes populistas suelen no tener idea de las complejidades de la política exterior. Lo suyo es generalmente la política interior, como podemos ver en varios ejemplos: López (México), Duterte (Filipinas), Bukele (El Salvador), Farage (Reino Unido) y Trump (EE. UU.), por mencionar a algunos. Si bien podemos discutir si el término “populista” puede aplicarse a todos ellos y a algunos más que faltan y que incluso muestran interés en los escenarios internacionales, dejaremos dicha controversia para otra ocasión, para centrarnos en algo que cada vez parece más evidente: la gran ignorancia de Trump acerca de las relaciones internacionales y de lo que está en juego.

  2. Como todos los líderes enlistados arriba, Trump dirige su mensaje en primer lugar a sus votantes y simpatizantes internos, a su “voto duro”, como se dice en México. Él quiere aparecer como el gran hacedor de la paz, como digno merecedor del Premio Nobel en este rubro. Sin embargo, vemos que se trata de una persona sumamente agresiva, que está empleando a las fuerzas armadas de su país para tareas que antes no hacían, que amenaza a todos los países con sus aranceles, que expresa odio y desprecio por los migrantes, por sus adversarios políticos, por los países de la Unión Europea, por los palestinos, en resumen: por los que piensan distinto a como él piensa o que son distintos a él. Esto no es propio de una persona pacífica ni de talante democrático.

  3. Parece que Trump no se ha puesto a pensar lo que significaría para los ucranios ceder la región del Dombás a cambio de un tratado de paz o de un armisticio con Rusia. Analicemos este punto detenidamente. Esta cesión significaría que los invasores recibirían, sin disparar un tiro, nueve ciudades que están en poder de Ucrania y todo un sistema masivo de fortificaciones. En los últimos 30 meses de guerra, los rusos han logrado extender su control en la región de Donetsk, aproximadamente sobre 5 100 km², en su mayoría zonas rurales. Ello significa que Ucrania aún controla 6 500 km². En tres años de guerra, la ciudad más grande que los rusos han conquistado en esta región es Bajmut, que tenía 80 000 habitantes. Otras ciudades tomadas por Putin son: Avdiivka (31 000 habitantes), Toretsk (31 000), Selydove (21 000) y Kuralhov (18 000). Ucrania controla a las ciudades más grandes: Kramatorsk (150 000 habitantes), Slaviansk (120 000), Kostiantynivka (75 000), Pokrovsk (65 000), Druzhkivka (60 000), Myrnohrad (50 000) y Lyman (22 000). Esto quiere decir que habría que estar completamente loco para entregar a los rusos, sin combatir, las ciudades más grandes, más pobladas, más ricas y mejor defendidas (unos 600 000 habitantes), mientras que Rusia controla las ciudades más pequeñas (unas 250 000 personas), después de que inició la agresión a Ucrania en 2014 y luego en 2022: 11 años de guerra, de miles de bajas en su ejército y de haber destruido las ciudades.

  4. Por eso Putin le apuesta a arreglarse con su rendido admirador, Trump, para poder ganar en la mesa de “negociaciones” lo que su ejército no ha podido ganar en el campo de batalla: las ciudades más grandes y ricas. Las pérdidas humanas y materiales que han sufrido los rusos en Pokrovsk han sido terribles, por lo que es inimaginable lo que perderían si atacaran Kramatorsk y Slaviansk. Por eso está buscando una victoria rápida por medio de Trump, quien está jugando el triste papel del “tonto útil”.

  5. Las enormes fortificaciones que han construido los ucranios caerían en manos de los rusos, en caso de que se concretase el cambio de territorios por “paz”. Esto significa que, controlando estas fortificaciones, ya no habría más obstáculos para los rusos en caso de que decidieran marchar hacia el centro del país, lo que harían en cuanto se hayan repuesto. Con la cesión de territorios como la que plantea Trump, las fuerzas rusas estarían a 10 km de Izium, a 26 de Lozova y a 55 de Pavlohrad. De ahí podrían asaltar fácilmente Dnipro y Poltava, y luego seguirían hasta tomar Kiev.

  6. Esto es lo que Trump no entiende: entregar el Dombás no detendrá a Putin, así como el envío de regalos no alejó a Hernán Cortés de Tenochtitlan. Putin volverá a atacar. Y después de Ucrania seguirá seguramente Moldavia o el corredor de Suwalki, con el fin de reinstaurar el dominio territorial de la antigua Unión Soviética, como ya hemos comentado en esta columna anteriormente,.

  7. Durante el mandato de George W. Bush, Putin invadió Georgia, y mantiene ocupado el 20% de su territorio. Durante el mandato de Barack Obama, Putin invadió Crimea, que mantiene ocupada. Durante el mandato de Joe Biden, Putin invadió Ucrania, y mantiene ocupado el 20% de su territorio. Nada indica que Putin se detendrá ahora, y mucho menos si pensamos que el corazoncito de Trump late para él y por él. Más que un árbitro o un mediador, Trump es el personero, el representante, el más rendido admirador del tirano del Kremlin.

  8. Desde hace años hemos afirmado que el principal enemigo de la democracia liberal es Vladimir Putin, quien ahora recibe ayuda de otro gran enemigo del orden democrático occidental: Donald Trump. Desde diferentes intereses y perspectivas, ambos buscan acabar con ese orden. Debemos entender que Putin no se detendrá, a menos que se le enfrente con fuerza y determinación. El hecho de que sacrifique a sus propios soldados de la manera tan brutal como lo ha hecho en esta guerra es una muestra de su falta de escrúpulos. La de Ucrania no es guerra de parte de Rusia: es una disposición institucionalizada de vidas humanas, disfrazada de estrategia militar. Veamos el caso de los soldados rusos infiltrados en Pokrovsk en días recientes: 150 hombres se infiltraron, 120 cayeron y 30 se rindieron. Esto es: un 80% de bajas. Y eso que no estamos contando a los contingentes rusos cercados en su fallido intento de rodear esa ciudad. Se habla de más de 800 efectivos sitiados y de cientos de bajas en el ejército ruso. Esta infiltración de Pokrovsk expone, más que un fracaso militar ruso, la abierta disposición de Putin por sacrificar sistemáticamente vidas humanas propias en aras de obtener ganancias tácticas y territoriales mínimas.

  9. Las “cumbres” de Alaska y Washington que acabamos de ver entrarán en la historia de la diplomacia estadounidense como ejemplos de cómo hacer mal las cosas. Esto se debe a que la premisa de la que Trump parte es falsa: él cree que Putin desea la paz, lo cual es incorrecto. Putin desea apoderarse de Ucrania. Por eso, después de ambos encuentros, la paz no está ni un centímetro más cerca que antes de la reunión de Anchorage.

  10. Lo importante no es lo que se haya dicho en Alaska y en Washington, sino lo que se haga en Europa. Lo importante es dejar atrás 30 años de omisión en cuestiones de defensa y de trato con un autócrata imperialista. Lo importante es darnos cuenta en todo el mundo de lo crucial que es defender los valores democráticos en cada país y en cada rincón del planeta. Lo importante es disuadir a Putin, y sólo se puede disuadir por medio de la fuerza, de la determinación, de la voluntad y de la credibilidad. No podemos pedirle permiso a alguien para que nos autorice disuadirlo.