Cultura y comunicación en las organizaciones: un laberinto posible
04/02/2026
Autor: Dra. Eva María Pérez Castrejón
Cargo: Directora de Promoción UPAEP

La comunicación, como es bien sabido, es fundamental en las organizaciones. Sin embargo, muchas veces, al considerarla un proceso natural, no se le presta la atención necesaria, y se parte de la obviedad de las interpretaciones que se dan a los mensajes, las cuales pueden variar según el contexto.

Es importante fomentar una cultura en la que la comunicación fluya de manera efectiva, tanto de arriba hacia abajo como de abajo hacia arriba, dejando mensajes claros y con la intencionalidad correcta, de modo que las sobreinterpretaciones sean mínimas. De lo contrario, las personas, que son el recurso más valioso de la organización, podrían sentirse relegadas.

Los mensajes pueden perderse entre los diferentes niveles y, durante su recorrido, quedarse atrapados en un laberinto invisible, donde cualquier malentendido puede afectar al emisor. Aquí es donde la cultura organizacional juega un papel crucial: una comunicación clara y bien estructurada crea caminos definidos y evita confusiones.

Cuando los mensajes no se transmiten correctamente, las interpretaciones se distorsionan, lo que provoca confusión y afecta tanto a quienes los emiten como a quienes los reciben. Esto puede sumir a los colaboradores en un laberinto constante, donde la pregunta recurrente es: “¿Cómo hago lo correcto?”

En una organización con una cultura fuerte, basada en valores compartidos, los equipos pueden moverse con confianza, incluso en medio de la complejidad. La claridad en la comunicación transforma la confusión en orientación, y aunque el laberinto no desaparezca, sí se vuelve navegable.

La cultura organizacional se fortalece cuando promovemos la comunicación interna efectiva. Esta comunicación, constante y transparente, funciona como un faro que aclara el camino, evitando que los colaboradores se pierdan y facilitando que todos avancen con un propósito común. Así, la comunicación deja de ser solo un proceso: se convierte en una señal de guía y consuelo a lo largo del laberinto organizacional.