Aristóteles y el cine
14/06/2022
Autor: Iñigo Sánchez Trujillo // Rubén Sánchez Muñoz
Cargo: Facultad de Filosofía

Aristóteles es uno de los filósofos más importantes de los últimos dos milenios. Durante su vida llegó a tener amistad con Platón y Alejandro Magno. Se puede decir que Aristóteles tuvo unas oportunidades sin precedentes a la hora de estudiar y enseñar su filosofía. Por eso, vamos a hablar sobre Aristóteles y su pensamiento alrededor de la Poética. En los tiempos de Aristóteles no había cine, no había series, pero sí había poemas y tragedias, obras de teatro. Él hizo dos escritos acerca de la Poética, uno acerca de la tragedia y otro sobre la comedia. Desafortunadamente el de la comedia se ha perdido y no conocemos los contenidos del mismo (aunque podemos inferir que trataba sobre la risa y el ridículo como expone Umberto Eco en El nombre de la rosa), así que tendremos que centrarnos en la tragedia. 

Aristóteles estaba de acuerdo en que el arte (y por extensión la tragedia) era una mera copia de la realidad, una mímesis. Platón siempre estuvo peleado con la idea del arte en la vida de las personas, pues la consideraba una distracción y un engaño y por ello expulsa a los poetas de la polis, pero Aristóteles no concuerda en ello. Para él, el arte era una manera de ayudar a liberar nuestras pasiones del espíritu; podíamos sentir miedo y compasión por nuestro protagonista, a la vez que nos sentíamos alegres cuando era necesario. Esto era una herramienta con una eficacia tremenda para ayudar a las personas, pues cuando alguien se sentía de una manera particular, el ver en un corto periodo de tiempo que otro individuo pasa por una situación similar los ayudaba a entender y aceptar su situación. La tragedia trata sobre aquella persona que se encuentra bien en la vida, pero una peripecia le da un giro a su vida de 180 grados y lo deja en un estado precario. Esto hace sumamente especial a la tragedia, pues somos testigos de cómo la grandeza no dura para siempre, y que no importa lo buenos y capaces que seamos, todos vivimos con la probabilidad de una peripecia en nuestra vida, producto del azar o el destino, deja al descubierto la fragilidad del bien. La tragedia, por tanto, pretende llegar al corazón de los espectadores, quiere que entendamos y conectemos con el protagonista para alcanzar una catarsis. Por ello, una tragedia tiene que ser verosímil, algo con lo que todos podríamos conectar. 

En un aspecto más reciente podemos trasladar este estudio de la Poética a un ámbito más comercial y próximo a nosotros: el cine. En la actualidad no tenemos que quedarnos solo con las palabras en un texto, ahora podemos ver, escuchar y tener una inmersión que nunca antes se había tenido en la historia. Es cierto que también por esta accesibilidad la producción de tragedias es más rápida y de menor calidad. El aspecto de la verosimilitud suele ser intercambiado por una universalidad total y los protagonistas son cascarones vacíos en vez de personajes completos, con una existencia llena de cosas dignas. Es cierto que en los últimos años se han hecho tragedias que han tenido un impacto profundo. Un ejemplo de ello es El sonido del metal (2020), la cual trata acerca de un músico que se queda sordo.

Uno pensaría que es difícil para cualquiera poder conectar con algo así. No todos nos hemos quedado sordos ni somos músicos; pero aquí viene a la luz un aspecto muy importante para la realización de una tragedia efectiva. Más que el hecho de quedar sordo, el protagonista ha perdido su objetivo en la vida, ha perdido aquello en lo que había trabajado por años, es un individuo que el trabajo de una vida se ha ido en un instante. Esto todos lo hemos sentido de una u otra manera; trabajamos tanto por algo y nos rechazan o nos va mal. Es cierto que estos ejemplos que acabo de dar no representan el mismo impacto, pero es una prueba de lo que vive nuestro protagonista. El hecho de que ahora no sienta que tiene otro objetivo en la vida más allá de sobrevivir es deprimente para él y para nosotros.

La tragedia está hecha para que a través de un problema verosímil y único podamos entender una verdad universal. En el ejemplo pasado fue el propósito de la vida, sin embargo, suele haber muchas tragedias acerca del amor, como Romeo y Julieta y otras tantas acerca del poder como la tragedia de Macbeth. Con todo esto no hago más que recalcar cómo las bases de la tragedia sobre las cuales trabajó Aristóteles, han ayudado a darle estructura a muchas obras sobresalientes en la historia de la humanidad.

También es importante reconocer cómo la técnica de una tragedia es poderosa, no solo se trata de un mensaje fuerte, se puede juntar con la música para lograr momentos verdaderamente únicos. En este aspecto de la tragedia me gustaría usar otros ejemplos en películas. A mi parecer, tengo que hacer mención de quien es uno de los mejores compositores: Max Richter, quien en dos películas logra un mensaje verdaderamente triste y en el otro es de una alegría tremenda. La primera película en la que se presenta esta situación es en La llegada (2016), con su composición “On the nature of daylight”. Es una melodía con pocos instrumentos, con un ritmo lento, pero manejando una dualidad de tonos agudos y una constante grave, esto en un momento donde a nuestra protagonista se le presenta la oportunidad de cambiar un futuro deprimente para ella, pero decide llevarlo a cabo porque sabe que tiene que hacerlo. Es un momento de tranquilidad y de paz, pero con el conocimiento del terrible futuro que espera, un dilema en el que todos hemos pensado; “¿si pudieras cambiar algo del pasado, lo harías?” y ella decide que no, porque sabe que hay una persona esperándola del otro lado, que su futuro está sellado. Un momento en silencio con este trasfondo sería un momento vacío, pero la música está allí para recordarnos lo que viene.

Ahora bien, tenemos el ejemplo de cómo pese a estar en un momento de incertidumbre, la música nos permite sentir genuina alegría del porvenir de nuestro protagonista. En la película Una guerra brillante (2017) aparece la melodía “Spring 1” (una recomposición de la original de Vivaldi). Aquí la melodía es rápida, con tonos agudos que se sienten como si estuvieran saltando, a la vez que se nos presenta el final de una batalla, y el perdedor sabe en dónde está. Pero él no tiene más que respeto por el ganador, ya que reconoce su genialidad y espera que con ese intelecto él mismo puede mejorar. Representa como un personaje que era pedante (el ganador) pero que se da cuenta que su rival nunca fue alguien verdaderamente empeñado en hacerle perder, era alguien que quería mejorar la vida de las personas. En ese momento la rivalidad se convierte en admiración mutua. 

No puede haber una tragedia que no exprese el temor y la compasión humana por igual, la mezcla visual, auditiva y de retórica que forman a las tragedias son una maravilla digna de apreciar. Es triste ver como se banaliza la técnica que hace que nuestros corazones y mentes entren en una catarsis auténtica, todo a cambio de cuasi-tragedias que no hacen más que generalizar todo hasta que se diluye y pierde su sentido. Se está cambiando este sentimiento que te durará toda la vida cada vez que recuerdes aquella tragedia por un sentimiento efímero, diseñado para crearlo de la manera más rápida y con una duración breve, a la altura de lo inmediato y del consumo. El público actual resulta más difícil de conmover pues lo han visto todo, mas no experimentado todo. Ahora, es cierto que con las tragedias no siempre el público podrá conectar, es el riesgo que se corre a la hora que un autor decide realizar una tragedia. Tal vez el autor no vivirá para ver el éxito de su creación, pero podrá estar seguro de que alguien se podrá sentir identificado de una manera tan personal que se lo agradecerá toda la vida.

 

Fuentes de consulta

Aristóteles, Poética (edición bilingüe), México, UNAM, 2016.

Richter, M. “Spring 1”. https://www.youtube.com/watch?v=DLDvbnK_Sqk

Richter, M. “On the nature of daylight”. https://www.youtube.com/watch?v=rVN1B-tUpgs