En los últimos días mucho se ha hablado sobre la pérdida de competitividad de las empresas tecnológicas de occidente en comparación con las asiáticas. Particularmente, DeepSeek ha impactado negativamente la percepción sobre compañías como NVIDIA y Open AI debido a las habilidades de la inteligencia artificial china. Aunque mediáticamente ruidoso, la pérdida de competitividad de las empresas tecnológicas de occidente no es un fenómeno nuevo. Ejemplo de lo anterior es el mercado de teléfonos inteligentes donde Samsung y Huawei reemplazaron a grandes empresas como Nokia y Motorola.
Más allá de la reconfiguración industrial que DeepSeek puede representar, es claro que se están generando inteligencias artificiales (IAs) cada vez más sofisticadas. Es decir, algoritmos más eficientes para procesar y analizar grandes volúmenes de datos en situaciones complejas. Por consiguiente, su uso se ha extendido a toda clase de actividades, productivas o recreativas, provocando la sustitución total o parcial de personas en la realización de dichas actividades.
Sobre esto último, en principio, suena atractivo implementar IAs para incrementar los beneficios de una organización o un agente. De hecho, gradualmente, cada vez es más común interactuar con IAs en lugar de personas. Esto esta generando dilemas sociales pues, en algunos sectores, las personas están dejando la toma de decisiones en ¿manos? de una IA.
Pensemos en una situación donde cooperar sea la mejor solución. Por ejemplo, para controlar el cambio climático, de manera muy simplificada, todos debemos cooperar reduciendo nuestra emisión de gases de efecto invernadero. Aunque la solución es clara, su implementación no pues involucra la coordinación de miles de millones de agentes, cada uno con objetivos específicos. Por ello, dada la complejidad del problema y las habilidades superiores de los algoritmos de inteligencia artificial, suena atractivo dejar la decisión de cooperar en manos de las inteligencias artificiales. Es decir, en lugar de que nosotros implementemos la cooperación, que las IAs lo hagan. ¿Puedes las inteligencias artificiales cooperar?
A pesar de su avanzada capacidad de análisis, dejar una solución cooperativa en manos de las IAs, hasta el momento, será un esfuerzo inútil. De hecho, en situaciones como el control del cambio climático, la IA se comportará de manera egoísta, muy similar a como se comportan algunas personas, buscando obtener el mejor beneficio.
En general, las IAs no tienen la capacidad de cooperar. Para ello, es importante que el modelo matemático que las describe sea capaz de, al menos, negociar (dividir recursos y beneficios), aprender por refuerzo (maximizar dinámicamente beneficios cada que hay una interacción nueva) y ser responsivas (dar respuesta a situaciones estocásticas). Por lo tanto, una forma de recuperar competitividad y utilizar las IAs en nuestro beneficio es consolidando el diseño de inteligencia artificial capaz de cooperar plenamente con su entorno.