Pensar la vida a través del otro: cartas filosóficas parte 2
09/02/2026
Autor: Roberto Casales García
Cargo: Profesor investigador de Formación Humanista

Vivimos en un mundo brutalmente acelerado, donde los cambios se dan de forma vertiginosa y el instante se pierde en la nada más recóndita. Quizá el mejor ejemplo de esto nos lo proporcionen las redes sociales, donde las historias se vuelven meras tendencias fugaces, destellos de luz cuyas narraciones pierden vigencia a cada instante. La cultura de la inmediatez a la que asistimos tiende a vendernos la idea de que debemos asumir nuestra existencia desde esa celeridad, que es casi incompatible con el pensamiento crítico, más cuando se trata de un pensamiento cuya intención de fondo es siempre ir más adentro. Mientras que el pensar nos demanda ir a lo más profundo de nuestro ser, el mercado nos conduce abruptamente a someternos al imperio de lo efímero, de lo inmediato, de aquello que pierde valor de un instante a otro. Asistimos a la incertidumbre de la inmediatez, cuyo movimiento sólo es equiparable al flujo heraclíteo de la moda.

Pero inmersos en esta cultura de lo efímero y lo inmediato, del instinto y el instante, descubrimos nuevamente una de las lecciones más importantes de la ética aristotélica, a saber, la importancia de los amigos para el autoconocimiento y, por ende, para alcanzar una buena vida. De acuerdo con el estagirita, los amigos son una suerte de

alter ego

a través de los cuales nos vemos reflejados, de modo que es mediante su presencia que podemos redescubrirnos a nosotros mismos. Aquella verdad oculta se devela cuando nos atrevemos a pensar la vida a través del otro, o mejor dicho, cuando nos atrevemos a pensar con el otro. Situarnos en el lugar otro, creía Leibniz, es el verdadero punto de vista de la moral y la política, ya que sólo al ponernos en su lugar podemos descubrir una perspectiva diferente, capaz de alumbrar otras consideraciones que no podríamos ver tan sólo desde el lugar en el que estamos situados. Debemos, así, salir del yugo de la inmediatez para pensar nuestra propia existencia a través del otro, pero también en lugar del otro y con el otro. Un ejercicio que se hace patente en las cartas 3 y 4 de mis alumnos, donde se asimila la propia existencia a partir de la mirada ajena.

Carta 3: Frida Mariel Ramírez Castorena

Querida mamá:

Hoy quiero escribirte algo que nace desde un lugar muy profundo dentro de mí. No es solo una tarea o un requisito de la escuela; o puede que sea para ganar puntos extras, pero es más bien una oportunidad para compartir contigo una parte de mí que ha ido creciendo en silencio, entre lecturas, dudas, sueños y ganas de entender mejor la vida esa vida que tú has llenado de amor desde el principio. Hace unos días terminé un libro que se llama “Pensar la vida desde una perspectiva filosófica. Reflexiones intempestivas”, y aunque su título suene formal y casi intimidante, quiero contarte que lo que encontré en sus páginas fue algo muchísimo más cercano y humano de lo que esperaba. El libro no está escrito como un tratado académico, ni como esas lecturas súper técnicas que a veces cuesta muchísimo digerir; está hecho de cartas, de conversaciones sinceras entre dos amigos que reflexionan sobre lo que significa vivir, amar, dudar, equivocarse, tener fe, sentir miedo y aun así seguir buscando sentido. Y mientras lo leía, pensé en ti muchas veces. No porque compartas exactamente las mismas ideas (aunque muchas coinciden contigo de manera impresionante), sino porque en cada página sentí ese mismo espíritu que tú me has enseñado desde que soy pequeña: el de preguntarse por qué estamos aquí, qué nos hace realmente felices y qué significa ser buena persona en un mundo donde parece que todos corren sin detenerse a sentir.

Me impresionó la forma en que los autores hablan del amor, no como algo romántico o superficial, sino como una fuerza vital, profunda y comprometida. Cuentan experiencias reales, incluso dolorosas, como acompañar a un padre enfermo hasta el final, y lo describen como un acto que ilumina la vida, que revela quiénes somos y qué es lo que realmente importa. Y ahí, inevitablemente, pensé en ti. En cómo siempre has estado para mí, incluso en mis días más complicados, cuando ni yo entiendo lo que siento, o cuando me frustro, o cuando me lleno de dudas sobre quién soy o hacia dónde voy. Tú siempre estás, sin exigirme explicaciones perfectas, sin pedir que sea fuerte todo el tiempo, sosteniéndome de una forma tan sencilla y tan enorme a la vez. Eso que en el libro se presenta como una filosofía de vida, yo lo he visto en tu forma de ser mamá cada día. Ellos reflexionan páginas y páginas para describirlo… y tú simplemente lo haces.

Otra parte que me marcó muchísimo fue cuando hablan del individualismo moderno. Vivimos en un tiempo donde todo parece girar en torno al “yo”: mis metas, mis logros, mi tiempo, mis deseos, mi libertad. Y claro, es importante crecer, tener sueños y construir un camino propio; tú misma siempre me has impulsado a hacerlo. Pero también me has enseñado que la vida no se construye sola, que uno se encuentra a sí mismo en la convivencia, en el cuidado, en el dar y recibir. Los autores del libro insisten en que la sociedad está cayendo en una especie de soledad disfrazada de independencia absoluta, y mientras lo leía, recordaba cómo tú siempre dices cosas tan simples y tan sabias como: “nadie puede con todo solo”, “acompañarse es una bendición”, o “la vida se comparte”. Me encanta ver cómo llega la filosofía, voltea a ver la vida real y entonces confirma algo que tú ya sabes desde hace mucho: que la verdadera fortaleza no está en encerrarse en uno mismo, sino en abrirse y construir vínculos con los demás.

También me gustó que el libro no huye de las dudas. No intenta fingir que la vida es perfecta o que todos los problemas tienen respuesta. Me hizo sentir acompañada y entendida en esas incertidumbres que a veces me dan miedo admitir, como preguntarme cuál es mi lugar en el mundo, cómo encontrar mi vocación, o cómo mantener la fe en medio del caos, los cambios y el ruido constante que nos rodea. Algo que me dio mucha paz fue ver que ellos hablan de la fe como un camino, no como una imposición. No la muestran como una lista de reglas, sino como un espacio interior donde uno puede descansar, reflexionar y encontrar luz cuando la razón ya no alcanza. Y de nuevo, pensé en ti. En cómo nunca me obligas a creer, sino que me acompañas, me escuchas, me das tu ejemplo y me recuerdas, con tu vida más que con palabras, que la fe también es amor, paciencia y confianza. Tus consejos siempre van más allá de lo religioso o lo racional; tienen esa mezcla rara y hermosa de sabiduría cotidiana, de intuición y de espiritualidad que no se aprende en libros, pero ilumina como ellos quisieran hacerlo.

Mientras terminaba el libro, me di cuenta de algo bonito: muchas de las cosas que los autores quieren enseñarnos, yo ya las había visto en ti sin que nadie las nombrara como “filosofía”. Tú filosofas cuando me escuchas sin juzgar, cuando me animas a pensar por mí misma, cuando me recuerdas que la vida no es una carrera y que no todo es urgente, cuando me sonríes, aunque estés cansada, cuando me abrazas y parece que el mundo se acomoda otra vez, cuando me aconsejas cuando tengo miedos y/o dudas. Tú me enseñaste que ser fuerte no es no llorar, sino seguir amando aunque duela; que ser inteligente no es tener siempre la razón, sino aprender, preguntar, corregir y crecer; que tener fe no es vivir sin dudas, sino confiar aun cuando no vemos el camino completo.

Por eso quiero invitarte a leer este libro. No porque necesites aprender algo, al contrario, siento que ya vives muchas de las verdades que ahí se dicen, sino porque me encantaría compartirlo contigo, comentarlo juntas, y descubrir qué pensamientos te despierta el libro. Siento que lo disfrutarías mucho, y que sería una forma hermosa de seguir caminando juntas en esto de pensar, sentir y vivir con sentido. Me imagino ya esas conversaciones contigo, profundas y al mismo tiempo tranquilas, como las que siempre hemos tenido, esas que me hacen sentir acompañada, querida y entendida.

Gracias, mamá, por ser mi primer ejemplo de filosofía viva, aunque tú nunca lo nombres así. Gracias por enseñarme con tu vida lo que algunos tardan años en descubrir en libros. Sé que aún tengo mucho que aprender y que la vida traerá miles de desafíos, pero sé también que tengo tu amor y eso me hace sentir capaz, en paz y llena de esperanza. Te admiro, te valoro, te escucho y te quiero y te amo con todo mi corazón, gracias por estar siempre para mí; en las buenas, en las malas y en las peores. Gracias por igualmente ser mi ejemplo a seguir y por acompañarme en mis metas.

Con muchísimo amor, Mariel.

Carta 4: Karol Denisse Morgan Camacho

Querido Jesús:

Hoy, hace unas cuantas horas, terminé de leer un libro para mi clase de Persona y Bien que, aunque empecé con el simple objetivo de conseguir un punto extra en la materia, terminó gustándome muchísimo y haciéndome reflexionar sobre varios de los temas que trata. El libro se titula Pensar la vida desde una perspectiva filosófica. Reflexiones intempestivas y fue escrito por mi propio profesor junto con un amigo suyo, que también es filósofo. Supongo que ya te imaginarás lo interesante que está el libro, y el lenguaje un poquito —o más bien bastante— curioso que se utiliza en ocasiones. Sin embargo, sé que no te molestará porque con los años que llevo de conocerte sé que te gustan las cosas de ese estilo, y que la filosofía en particular te resulta bastante atractiva.

Además, los temas que se mencionan a lo largo del libro hacen que la lectura sea amena y que quieras leer más y más. Estoy segura de que te interesaría, sobre todo porque nosotros mismos hemos hablado varias veces de cosas muy parecidas —aunque, claro está, a nuestra manera—. Y por si fuera poco, el libro también tiene un formato bastante peculiar que solo lo hace más llamativo: está escrito a forma de recopilación de cartas, en las que alguno propone un tema, el otro responde, y se van complementando entre ambos, al mismo tiempo en el que van agregando temas nuevos, reflexiones y puntos de vista diferentes, lo que aumenta lo interesante de la narrativa.

Pero bueno, ya para no entretenerte tanto con ese resumen tan exageradamente largo sobre lo que te podría gustar del libro, quisiera compartirte algunas de las cosas que pensé mientras iba leyendo —como ya es costumbre entre nosotros—.

Primero que nada, me pareció verdaderamente interesante la manera en la que todo el libro se desenvolvió, porque justamente el formato que tiene hace que se sienta mucho más cercano todo lo que se narra. Sumado a esto, el que todos los cuestionamientos sean tan abiertos al no tener una respuesta en concreto, te obliga a buscar una interpretación o punto de vista propio de lo que leíste. Esta característica en especial me recuerda mucho a las pláticas que solemos tener de vez en cuando, donde intercambiamos pensamientos y reflexiones sobre cosas que van desde “analizar” experiencias que tenemos, hasta pláticas de horas sobre lo que opinamos de alguna serie o película que hayamos visto —como el verano en el que solamente hablamos de Gilmore Girls—, pero siempre buscando dar nuestro punto de vista y debatir desde allí.

Otro punto que me resultó muy interesante porque realmente sentí que casi casi iba dirigido hacia mí fue la reiteración de que tenemos que dejar de vivir en automático y pensar en nuestra propia existencia. Puede sonar sencillo, pero en realidad es de suma importancia para conocernos, entendernos y darnos un sentido en el día a día. Me resultó tan personal porque, sinceramente, es lo que muchas veces me pasa: me olvido de mirar hacia mí misma, de hablar conmigo, de darme la oportunidad de detenerme y simplemente pensar. No es que me incomode estar sola con mis pensamientos; de hecho, lo disfruto. Pero con el tiempo lo he ido descuidando.

En relación con esto, hay una parte en la que se menciona la pandemia, y me pareció muy cierta. Los autores dicen que a muchas personas se les hizo tan difícil ese tiempo de encierro porque las obligó, de alguna u otra forma, a conocerse a sí mismas. Y eso, dicen, da miedo. Me dio risa pensar en lo mucho que hemos hablado tú y yo sobre eso, porque nos marcó profundamente. Leer esa parte me hizo recordar nuestras conversaciones sobre cómo la pandemia nos forzó a mirar dentro de nosotros, a buscar en nuestra mente lo que somos hoy. Y también me impresionó pensar en cómo hubo gente que, incluso estando confinada, encontró formas de “escapar” para seguir evitando conocerse.

Saltando hacia otro tema que te interesará de igual manera, me gustaría comentarte sobre la crítica contundente que hacen sobre las redes sociales y cómo es que no logramos ni imaginarnos la manera tan contundente en la que estas moldean nuestra forma de ser, de pensar y de relacionarnos con los demás. Ya que, su efecto es tan silencioso que no nos damos cuenta de ello, y antes de poder reaccionar ya nos encontramos siendo influenciados por ellas. Por ejemplo, las personas que seguimos se convierten en modelos aspiracionales que hacen que queramos parecernos poco a poco a ellos y vayamos tomando aspectos de su forma de ser o algunos de sus gustos para adaptarlos a nosotros y posteriormente decir que es parte de nuestra identidad. Lo mismo pasa con el tipo de contenido que vemos, ya que, es muy fácil que lo que vemos hacer o decir a las personas en los videos, simplemente lo repliquemos, y en lugar de formarnos un pensamiento propio, nada más imitamos lo que vemos, para comenzar a decir una vez más que es parte de nuestra forma de ser o, en este caso, de pensar, cuando en realidad no es completamente auténtico. Aun así, reconozco que, absolutamente nadie —ni los filósofos—, es dueño absoluto de su forma de ser o de pensar. Siempre nos inspiramos o tomamos “fragmentos” de los demás para construir lo que somos. Por eso creo que la clave está en equilibrar dicho aspecto, en ser críticos y selectivos con lo que decidimos “agregarnos”, y no dejar que todo lo que veamos nos moldee sin pensar. Pero si quieres podemos profundizar en ello después.

Finalmente, quisiera hacer énfasis en que, si bien este libro cuenta con una infinidad de temas más, todo se podría resumir —de una manera increíblemente vaga— en que la filosofía está presente en cada una de nuestras vidas y en cada uno de nuestros momentos, y que, como bien dices, debemos ver la vida desde una perspectiva un tanto “filosófica” para poder dotarla de sentido, o mínimo poder disfrutarla un poquito más. Además, gracias al libro y a todas las similitudes que ya pude comentarte, admito que tengo que darte la razón en eso que siempre me dices sobre detenerme un poco a pensar, detenerme y respirar. Porque en realidad me hace falta, en verdad necesito ver las cosas con un poco más de calma para poder vivir con un poco más de consciencia y sentido, para dejarla de ver como algo rutinario, aburrido y hasta cansado. Lamento no haberte hecho caso antes y tener que leer un libro de más de 200 páginas antes de poder darte la razón sobre lo que llevas repitiendo encarecidamente por meses.

Ojalá te des el tiempo de leerlo algún día de estos, porque realmente ansío tener una plática más amena e interesante contigo una vez que también tengas cosas que decir sobre esto y no solo sea yo la que habla. Esperaré tu respuesta, no hay prisa.

Con mucho cariño,

Karol.