Rector UPAEP habla sobre cómo el libro Generación Ansiosa, de Jonathan Haidt, revela que entre 2010 y 2018 la ansiedad en jóvenes aumentó 134% y la depresión se duplicó tras la masificación de smartphones.
El Rector de UPAEP, Emilio Baños Ardavín, alertó sobre el impacto devastador de las redes sociales en la salud mental de las nuevas generaciones, basándose en el bestseller "La generación ansiosa" de Jonathan Haidt.
El libro documenta una crisis sin precedentes: entre 2010 y 2018, aumentaron en los jóvenes las tasas de ansiedad 134% y depresión 100%. En Estados Unidos, los ingresos hospitalarios por autolesiones en niñas de 10 a 14 años, se dispararon 188% tras la llegada de las redes sociales y los smartphones con cámara frontal.
El antes y después del smartphone
El Rector menciona que se puede identificar entre 2010 y 2015 una "gran reconfiguración" de las generaciones. Fue en 2010 cuando los teléfonos inteligentes se volvieron masivos, llevando las redes sociales a manos de la niñez y cambiando radicalmente su desarrollo.
"Pasamos de una infancia basada en el juego libre, en las calles y parques, a una infancia basada en el teléfono y el mundo virtual", explicó Baños Ardavín.
Diferencias por género
El impacto varía según el sexo. Las niñas sufren más por la comparación social visual y la agresión relacional —exclusión, rumores, exhibición— lo que se traduce en ansiedad, depresión y dismorfia corporal.
Los varones manifiestan la crisis mediante aislamiento, refugiándose en videojuegos y pornografía, lo que provoca dificultades para madurar y establecer relaciones.
La paradoja de la protección
Baños Ardavín destacó una contradicción: "Hay sobreprotección en el mundo real y desprotección en el mundo virtual". Los padres restringen la libertad de juego sin supervisión por temor a la inseguridad, pero permiten acceso ilimitado a entornos digitales diseñados para ser adictivos.
Cuatro daños fundamentales
El autor identifica cuatro impactos críticos: privación social (la pantalla sustituye la interacción cara a cara), privación del sueño (el uso nocturno afecta el cerebro adolescente), fragmentación de la atención (las notificaciones impiden la concentración profunda) y adicción (las plataformas están diseñadas para que los usuarios no puedan controlarse).
Recomendaciones para familias y escuelas
Haidt propone cuatro normas colectivas: no smartphones antes de los 14 años, no redes sociales antes de los 16, escuelas libres de teléfonos y más juego libre sin supervisión. Países como Australia y Francia ya están implementando restricciones similares.
Para adultos, sugiere prohibir el teléfono en el dormitorio, mantenerlo fuera del alcance al conducir, eliminar aplicaciones adictivas del móvil, y priorizar actividades físicas y manuales.
La reflexión del Rector Baños Ardavín llega en un momento crítico, cuando México y el mundo enfrentan múltiples crisis, y la salud mental de las nuevas generaciones requiere atención urgente.















