A 100 años del conflicto, el Dr. Emilio José Baños Ardavín destaca la importancia de la libertad de conciencia y el ejemplo de Anacleto González Flores.
El Dr. Emilio José Baños Ardavín, Rector de la UPAEP, presentó este 9 de febrero, un análisis profundo sobre la Guerra Cristera (1926-1929). En el marco del centenario de este suceso, subrayó que el conflicto no fue solo religioso, sino una lucha fundamental por la libertad de conciencia frente a un Estado que buscaba el control absoluto.
El Rector, durante su participación en el espacio informativo de Fernando Canales en Ultra 92.5, explicó que la tensión escaló con la Constitución de 1917 y se detonó formalmente en 1926 bajo el mandato de Plutarco Elías Calles. La aplicación de la "Ley Calles" limitó drásticamente el número de sacerdotes y prohibió la educación religiosa, provocando una reacción social masiva en regiones como el Bajío y los Altos de Jalisco.
Antes de recurrir a las armas, los ciudadanos intentaron la vía pacífica mediante la recolección de cerca de 2 millones de firmas, cifra que representaba al 15% de la población de la época. Sin embargo, la falta de apertura gubernamental y la suspensión del culto público por parte de los obispos como medida de protesta recrudecieron el escenario nacional.
Un conflicto de impacto nacional
Las cifras del enfrentamiento son contundentes: se estima que el conflicto dejó un saldo de entre 100,000 y 250,000 personas fallecidas, incluyendo civiles, cristeros y soldados federales. De acuerdo con registros históricos, la proporción de bajas fue de aproximadamente dos soldados federales por cada cristero.
El Dr. Baños destacó que los efectos de este choque entre la Iglesia y el Estado se prolongaron durante gran parte del siglo XX. No fue sino hasta las reformas constitucionales de 1992, bajo la administración de Carlos Salinas de Gortari, cuando se otorgó finalmente reconocimiento jurídico a las iglesias en México.
Para el académico, este episodio histórico es esencial para comprender el lugar que le corresponde a las instituciones religiosas en la vida pública. El análisis resalta cómo la resistencia civil surgió del arraigo popular y de la defensa de tradiciones que forman parte de la identidad nacional.
Anacleto González Flores: símbolo de resistencia pacífica
Un punto central de la reflexión fue la figura de Anacleto González Flores, beato y abogado jalisciense que apostó inicialmente por la resistencia pacífica. González Flores fundó la Unión Popular, un movimiento capaz de movilizar a cientos de miles de ciudadanos mediante boicots económicos.
"Con esta baraja sucia me juego la última carta de Dios", citó el Rector, refiriéndose al momento en que Anacleto se vio obligado a apoyar la organización del movimiento armado tras agotarse las vías legales. González Flores fue capturado, torturado y ejecutado en 1927, perdonando a sus verdugos antes de su martirio.
Sus últimas palabras, "Yo muero, pero Dios no muere", resuenan todavía como un símbolo de la defensa de los valores trascendentales. Su liderazgo es citado por el Dr. Baños como un ejemplo de participación ciudadana y compromiso con las libertades civiles en tiempos de crisis.
Identidad y libertad en la actualidad
El Dr. Baños Ardavín enfatizó que el respeto a la libertad religiosa es un pilar democrático esencial para la convivencia en el México actual. Señaló que existen valores, tradiciones y elementos de trascendencia que otorgan personalidad a la nación sin que el Estado deba ser confesional.
El Rector concluyó que el Estado debe actuar como el garante de que todas las creencias y formas de pensamiento tengan libertad de culto y expresión. Esta perspectiva promueve un laicismo positivo que respeta la libertad personal y comunitaria como un derecho fundamental de todos los ciudadanos.
El análisis del Rector reafirma la relevancia de comprender los episodios históricos de México para fortalecer el diálogo y las libertades fundamentales en la sociedad contemporánea.
















