Una muerte digna por medio de la atención paliativa
21/03/2024
Autor: Lizbeth Rojas
Foto: Jorge Arnaldo Bermudez Canizo

En 2025, un tercio de la población mundial tendrá más de 65 años y necesitarán de atención paliativa temprana para asegurar una experiencia más cercana a la expectativa de una buena muerte. 

El Dr. Uría Guevara López, profesor e investigador del Departamento de Farmacobiología y Humanidades de la Facultad de Medicina y Cirugía de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, con una maestría en Cuidados Paliativos, fue invitado como uno de los conferencistas del Congreso: “La trascendencia del final de la vida,” que se llevó a cabo el día 11 de Marzo en el Centro de vinculación UPAEP, y en el que expuso ante los oyentes la importancia del acceso y la provisión de la atención paliativa en México.

Mencionó que se prevé que en 2060, el 47% de la población mundial padezca sufrimientos graves relacionados con la salud -siendo la de mayor incremento la demencia- y que de esta cifra, es probable que el 83% de las muertes se presenten en países de ingreso medio y bajo como México, por lo que es de suma importancia encaminar a las generaciones jóvenes a hacer reflexiones y críticas bioéticas alrededor de la muerte.

Con esto en mente, aludió a la insuficiente inversión que se hace en el país por la educación en cuidados paliativos y con ello, la asimétrica accesibilidad a ellos en las zonas rurales de la República, resultado de una falta de equidad en las políticas de salud e investigaciones que propone cada estado, en vista de que este tipo de atención no solo se da a personas cercanas a su muerte, sino a pacientes con enfermedades incurables, complejas, progresivas y que causan un gran sufrimiento como pacientes crónicos. 

Destacó además, que una correcta atención paliativa conlleva valores como el amor, tolerancia, vocación de servicio, justicia, solidaridad y confianza, pues con estos es más factible encontrar y abordar los principios fundamentales de todas las personas, creando dos círculos virtuosos en los que se engloba el papel del Paliativista como educador y consejero, al mismo tiempo que el de cuidador de una vida que implica un riesgo de muerte inminente.

Para cerrar expuso el error de medicalizar la muerte haciéndola ver como una enfermedad a la que se debe atacar quitándole su característica de normalidad, haciendo que su presencia en la vida cotidiana de las personas sea cada vez más escasa, siendo que en realidad deberían ser conversaciones más cotidianas pues, en un aspecto paliativo, la muerte no es un simple proceso fisiológico, sino que va más relacionado con lo espiritual y debe reconocerse su valor.