Nuestra conciencia histórica en peligro de extinción
07/05/2024
Autor: Juan Méndez
Foto: Juan Méndez

El no tener conciencia histórica puede traernos a nivel mundial el encontrarnos vacíos, sin memoria, sin tradición y familia, por tanto, sin comunidad ni fraternidad: David Sánchez


“Hoy corremos el peligro, una vez más, de olvidarnos de nuestra identidad, de ser lo que uno es, peligro de no conocernos a nosotros mismos; corremos peligro de un nuevo ataque a nuestra auténtica conciencia histórica. Ante ello, debemos seguir la lucha por y para la verdad”, aseguró el Dr. David Sánchez Sánchez, Director Académico de la Facultad de Humanidades UPAEP.

Señaló que la osadía de olvidar o manipular la conciencia histórica no parecía producirse tan descaradamente a nivel mundial desde el Romanticismo, con el argumento de que “para ser creativo y original no habría más camino que olvidarse del pasado”; por ello, puntualizó, es necesario contar con una comunidad que sostenga y ayude a mirar hacia adelante.

“Desde la historia conectamos con los dones de la familia, con la identidad, con la memoria, con la tradición, con la cultura, con la libertad, y sabiendo más de la auténtica historia nos alejamos sin olvidarlos de los peligros de la esclavitud, el racismo, las ideologías o las desigualdades”, añadió.

El académico sostuvo que el no tener una conciencia histórica solo puede traernos a nivel mundial el encontrarnos vacíos, sin memoria, sin tradición y familia, por tanto, sin comunidad ni fraternidad, trayendo como consecuencia una guerra devastadora, ya sea civil, mundial o ambas, de las que uno no puede escapar.

“Debemos adentrarnos al estudio de la historia para reafirmar y potenciar los principios humanistas del hombre del S.XXI, sin los cuales estaremos condenados a nuestra propia extinción, en ausencia de una fraternidad sin retorno posible y alejados de la cultura de paz”, mencionó Sánchez Sánchez.

Expresó que el positivismo, el ansia de la inmediatez y la pretendida eliminación o reducción de contenidos históricos en la educación, inciden en que "un modo eficaz de licuar la conciencia histórica, el pensamiento crítico, la lucha por la justicia y los caminos de integración, es vaciar de sentido, manipular las grandes palabras". Hoy, algunas expresiones como democracia, libertad, justicia y unidad, han sido manoseadas y desfiguradas para ser utilizadas como instrumento de dominación, como títulos vacíos de contenido que pueden servir para justificar cualquier acción.

Frente a este panorama propone cuatro acciones:

1. Eliminar las visiones de ser instrumento de un nacionalismo defensivo para adentrarnos a la historia de la gente, procesos, fenómenos y culturas que nos enseñen a entendernos en un mundo globalizado y fraterno.
2. Evitar la manipulación de la historia para defender y justificar proyectos políticos.
3. Enseñar historia es enseñar a pensar históricamente, por lo que debemos incorporar simulaciones, actividades creativas y didácticas.
4. La historia en su academia es una de las materias educativas con mayor posibildiad de crear corrientes de pensamiento y formar líderes que transformen a la sociedad, por lo tanto, es una gran área de oportunidad laboral a nivel mundial, en nuestro inmediato presente.

“El México de hoy no debe ser un territorio donde tengamos historias de buenos y de malos, de elegidos sobre olvidados, ni siquiera del México independiente donde los discursos partidistas sigan seleccionando a un grupo de personas como los mejores frente a los traidores a la patria”, puntualizó el Director de la Facultad de Humanidades UPAEP.

Ante la referencia a la teoría del descarte, hizo mención a la alerta del Papa Francisco sobre la vigencia de un planteamiento de deconstruirnos a nosotros mismos, en nuestra conciencia histórica, a base de anacronismos, omisiones, falsas peticiones de disculpas antihistóricas, intereses selectivos, desprecios e ideologías, donde sugieren que no existe la libertad humana sin construir todo desde cero, sin memoria ni tradición. Debemos, por tanto, deconstruir la deconstrucción, para dar paso a un Neorrenacimiento del S.XXI donde tengamos a la ciencia de la historia como a uno de sus pilares.

“Hoy se habla del riesgo de un contemporáneo colonialismo cultural que incide en su adecuación a intereses pactados, los pueblos que enajenan su tradición y por manía imitativa, violencia impositiva, imperdonable negligencia o apatía, toleran que se les arrebate el alma, pierden su consistencia moral y finalmente su independencia ideológica, económica y política”, recalcó el académico.

México es potencia mundial en historia y en cultura, por lo que tiene una amplia responsabilidad en el desarrollo mundial del S.XXI. A la cabeza de este país que el mundo y el propio México se merece, deben estar los jóvenes para ser un ejemplo a seguir, siendo fieles a quienes son, fieles a su auténtica identidad y a su auténtica historia, y fieles a los Estados Unidos Mexicanos, pues tienen por delante el convertirse en un referente mundial o volver a caer en divisiones que les hagan retroceder.

“Nuestros jóvenes no son solamente herederos en esta lucha, son agentes activos que debemos formar en el estudio de la historia para su propia libertad, donde ellos entreguen como relevo a sus herederos un México mejor. En UPAEP, los estudiantes realizan el análisis de la historia de México no solamente en los grados de la Facultad de Humanidades, sino que todos los estudiantes de la Universidad cursan cuatro meses de la historia de México a nivel transversal; esta formación humanista les permite abrirse al mundo desde su parte cultural en un entorno cada vez más globalizado”, subrayó.